El infierno perfecto
Desde que tengo conciencia de este hermoso lugar, siempre ha sido lo mismo. La pequeña región donde resido mantiene un aire caluroso, seco: perfecto para seguir con mis actividades. ¿Acaso no es de lo mejor lo que hacemos nosotros los demonios? Le digo todos los días a mi amigo Olfvá. Cuando recién llegamos nos regalaron un látigo y nos pusieron a cargo de unos cuantos hombres que deben quemarse en pleno uso de conciencia. Los obligamos a caminar entre piedras filosas mientras recolectan leña que deben llevar hasta la plaza de nuestro pueblo. Ahí los pequeños demonios ya se encuentran ansiosos por ver el espectáculo. Si dejan de caminar, los azotamos; si se quejan, los azotamos; si se les ocurre mirarnos a los ojos, los azotamos. Siempre es divertido verlos estremecerse de dolor. Acá, en Los Fuegos del Alto Rencor, vivimos demonios ya grandes, de mucho tiempo azotando, quemando y riendo. Sobre todo quemando. Esta noche íbamos a quemar a dos hombres que bajaron hace seis cátalas. En ti...